Quien malandra Balaklava.

.


Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Julio Cortázar, Rayuela, capítulo 68

Este texto salió de la genialidad de Julio Cortázar sí, pero también entronca con cierta tradición porteña en la que el juego de palabras llega a unas dosos de creatividad realmente notables. La propia frase que da título a esta entrada está sacada de una pintada de Buenos aires.

En esta línea se enmarca también este tango de 1929 escrito por Juan Sarcione:

Largue a esa Mujica:

Largue, Chiessa a esa Mujica
por Souza y por Roncoroni
y Pratto Coty Spiantoni
porque Passini calor.
Yo Onzari que Battilana
si ha Serrato la Manchini,
que si usted Reccanatini
tal vez Stabile mejor.
.
Marassi que yo Bidoglio
que anda con una Peniche
y aunque se Fleitas Soliche,
a quién se lo va a Gondar.
Qu’ el que es Nobile, che Negro,
nunca Settis Gainzerain
si deja esa Bidegain
pa’ no volver a Beccar.
.
Tire, Cherro, esa Ferreyra,
que si corre Sanguinetti
lo van a dejar Coletti
en la Celta de un penal.
Es inútil que Lamarque
o a lo mejor la Martínez,
si no valdrá que Giménez
ni que se haga el Sandoval.
.
Guarda con la Canaveri,
Miranda que lo en Canaro,
si de usted bate un Purcaro
que es Cafferata de acción.
Olvide el Carricaberry,
tírese a la Bartolucci,
que mejor es hacer Bucci
que dárselas de Mathón.

.

No falta de todos modos quien ve más ramificaciones en los antecedentes de glíglico cortazariano, icluido el Jabberwocky de Lewis Carroll, desarrollado en el poema nonsense homónimo que aparece en Alicia a través del espejo:

Jabberwocky:

Twas brillig, and the slithy toves

Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
And the mome raths outgrabe.
All mimsy were the borogoves,
.
‘Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!’
.
.
.
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought–
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
.
And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!
.
One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
.
And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!’

He chortled in his joy.


.

He aquí la versión genial que hizo  Jaime de Ojeda para la edición española que publicó Alianza editorial (Madrid, 1973)

.

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiblaba.

!Cuídate del Galimatazo, hijo mío!
!Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
!Cuídate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;

.

luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…

Y así, mientras cavilaba firsuto.
!!Hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!!

!Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejo el monstruo, y con su testa
!volvióse triunfante galompando!

!¿Y haslo muerto?! !¿Al Galimatazo?!
!Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
!Qué fragarante día! !Jujurujúu! !Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.

Pero brumeaba ya negro el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba…

.

Y, arrimando el ascua a mi sardina, no me resisto a poner al menos la primera esttrofa de la versión en euskera del mismo libro: “Alice Ispiluan barrena” a cargo de Manu Lopez Gaseni.

JABBERWOCCKY:
.
Erretzaldea zen eta tobo likiarintsuek
jiroskopatu eta ginbaletatzen zuten aitzingibeletan;
borogoboak guztiz misebulak ziren,
eta errata etikek txiliozentzen zuten…
.
Me despido.
Ya saben, tengan cuidado con lo que hacen que quien malandra, Balaklava.
Chau, nos vidrios.

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2 comentarios to “Quien malandra Balaklava.”

  1. la piedra imán Says:

    Pues si agarras “Finnegans wake”, de Joyce, ya no te digo nada!

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