De Shakespeare a Abraham B. Yehoshua

A un año de la operación “Plomo fundido”

El parlamento de Shylock en El Mercader de Venecia fue escrito en los noventa del Siglo XVI y sin embargo, Ernst Lubitsch, nos recuerda introduciéndolo en su película To be or not to be, que aún en pleno siglo XX continuaba teniendo vigencia aquella reivindicación. Shakespeare se adelantó a su tiempo y a los siglos venideros.

La idea según la cual hay razas, culturas o castas inferiores cuya capacidad de sufrimiento es mayor que la de las castas
 elevadas, de una manera u otra, ha sido una constante en la tradición occidental, incluso en la ilustrada. No reconocerlo es pecar de autocomplacencia. El fenómeno del nazismo no se debió a la contaminación de algún virus venido de fuera, sino que su embrión ya estaba prefigurado el pensamiento occidental.

Por ejemplo, el colonialismo europeo se justificó en torno a ese tipo de discurso. Así uno de los fundadores de la antropología y del llamado Darwinismo social, Herbert Spencer hacía afirmaciones de este calibre hacia finales del siglo XIX:

“… Y lo mismo ocurre con las sensaciones causadas por las heridas corporales. Muchos viajeros han expresado su sorpresa ante la serenidad con la que los hombres de tipo inferior se someten a operaciones graves. Evidentemente los sufrimientos que experimentan son muy inferiores a os que padecen los hombres de tipo superior.”

(Citado por Marvin Harris)

¿Acabó con esas concepciones la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial? Parece ser que no. Y no por que Luis Buñuel incluya este diálogo en una de sus películas


− Buenos días Rita, ¿dormiste bien?

− No me lo va a creer pero no me he despertado ni un instante

− En cambio yo, ni siquiera cuando el descarrilamiento del expreso de Niza me he sentido tan adolorida.

− ¿Pero usted ha descarrilado alguna vez? ¡Qué interesante!

− Si te vieras en el espejo.

− Iba como enloquecida de un lado a otro. Un vagón de tercera repleto de gente del pueblo se había aplastado como un acordeón y dentro ¡qué carnicería! Debo ser insensible porque no me conmovió el dolor de aquellos infelices.

− Tengo hambre.

− Insensible y se desmayó usted al desfilar ante el cuerpo yacente del príncipe Lucas.

− No compare usted. ¿Cómo podía quedar nadie indiferente ante la grandeza en la muerte de aquel admirable príncipe que fue nuestro amigo, de aquel nobilísimo perfil?

− ¿En esta casa no se desayuna?

− Yo creo que la gente del pueblo, la gente baja, es menos sensible al dolor, ¿usted no ha visto un toro herido alguna vez? ¡Impasible!

Estamos ya a un año de la operación Plomo Fundido que asoló Gaza y produjo más de 1200 víctimas mortales entre los gazawíes, la mayor parte civiles y entre doce y catorce entre los militares israelíes. 

Durante el transcurso de la operación, el escritor israelí de izquierdas (sic) Abraham B. Yehoshua concedió una entrevista al diario “El País”


Pregunta. Usted ha dicho que la campaña militar sobre Gaza está justificada.

Respuesta. Sí, está justificada, porque lo que es injustificable es que Hamás dispare 70 cohetes en un día. A nadie le gusta ver lo que está pasando en Gaza, pero es una decisión moralmente correcta. La comunidad internacional dice que es una respuesta brutal y demasiado fuerte. La gente habla de David contra Goliat, pero hay que darse cuenta de que la capacidad de sufrimiento de los palestinos es mucho mayor y eso les hace más fuertes. Por eso nuestra respuesta tiene que ser mucho mayor, porque hay que hacerles entender que tienen que parar los cohetes. Una respuesta moderada no les impresionaría. Cerramos los pasos fronterizos, cortamos la electricidad y eso no les hizo pensar en parar los disparos.


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2 comentarios to “De Shakespeare a Abraham B. Yehoshua”

  1. Gracias por colgar el vídeo de esa obra increíble de Buñuel. Parece que hasta lo onírico, cuando es producto de una creatividad auténtica, tiene sentido para interpretar lo real. La frase del escritor entrevistado, yuxtapuesta con la imagen de los cadáveres de esas niñas es de una inmoralidad obscena. Ser escritor y pronunciar esa frase es quedar en el rídiculo más absoluto como pensador. Pero los intelectuales de oficio pro-israelíes son expertos en eso. Viven en una contradicción radical.

    • txomingoitibera Says:

      Efectivamente una contradicción radical.
      Un amigo bloguero que tiene un insólito blog teológico http://laescrituraenlapared.blogspot.com/2009/11/carta-de-einstein-sobre-el-terrorismo.html respondía lo siguiente a un comentario mío:

      Txomin,

      A mi entender, de nada sirve refutar -aún mediante pruebas documentales incontestables- a la gente ganada por el discurso sionista. Lo que quiero decir es que lo que opera en dichas personas es lo más parecido al “doblepensar” del que habla Orwell en “1984”. Lo que Orwell dice de Ingsoc -del Partido todopoderoso en Oceanía- se aplica perfectamente al sionismo; de allí el hecho de que aún personas con enorme capacidad intelectual recurran muchas veces incluso al balbuceo en su defensa del mismo.

      Según Winston Smith, el protagonista de la novela de Orwell, el “doblepensar” consiste en:

      “…Saber y no saber; ser consciente de la verdad mientras se dicen mentiras finamente elaboradas; sostener simultáneamente dos opiniones que se anulan entre sí, sabiendo que son contradictorias y creyendo, no obstante, en ambas; utilizar la lógica en contra de la lógica; repudiar la moral mientras se apela a ella; creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia; olvidar lo que sea necesario olvidar, traerlo nuevamente a la memoria cuando sea necesario y volver a olvidarlo otra vez; y, por encima de todo, aplicar todo este proceso al proceso mismo.”

      Vos mismo te darás cuenta de que sería casi imposible definir el mecanismo interno del discurso sionista y de sus adeptos en términos más contundentes…

      La verdad es que la frase de A B Yehoshua era de una obscenidad cósmica, pero ese no es el problema fundamental. Lo que pone los pelos de punta es que el tío lo dijo como si tal cosa, como si fuera lo más normal del mundo. Lo espeluznante es que ese sujeto sea capaz de incorporar a su propia lógica real lo que aparece como una caricatura en una película de tintes surrealistas.

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